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martes, 12 de agosto de 2025

El lobo en Tornavacas

Con motivo de las actividades culturales que se realizan en Tornavacas todos los veranos, en esta ocasión el pasado martes día 5 de agosto ha tenido lugar en la plaza del ayuntamiento de Tornavacas una charla coloquio sobre el lobo ibérico (canis lupus signatus). Entre algunos de los asuntos tratados se han mostrado sus antecedentes e historia en el pueblo. Apuntes históricos de su presencia en Tornavacas y en el entorno, junto a osos y otras alimañas. Situación actual con la vuelta de este extraordinario animal a la sierra de Tornavacas y cómo será la convivencia con el hombre en un futuro más próximo. También se han mostrado distintas artimañas como cepos y carlancas que el hombre del siglo XX utilizó para la defensa del ganado y lograr su completo exterminio. Haciendo referencia igualmente a la estricnina, un poderoso veneno que fue utilizado para exterminar al lobo de Tornavacas, algo sin duda catastrófico, que esperemos no se vuelva a repetir.

Tornavacas
Vista de Tornavacas desde la barrera la Fuente


Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas
Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas


Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas
Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas


Tornavacas, mastín al cuidado de la finca
Tornavacas, mastín al cuidado de la finca


Tornavacas, carlanca para perro mastín
Tornavacas, carlanca para perro mastín


Tornavacas, yeguas pastando en la sierra
Tornavacas, yeguas pastando en la Garganta de San Martín


Tornavacas, vacas pastando en la Angostura
Tornavacas, vacas pastando en la Angostura


Tornavacas, vacas pastando en el Tejaíllo
Tornavacas, vacas pastando en el Tejaíllo


Tornavacas, cabras en la Serrá
Tornavacas, cabras en la Serrá recogidas en el corral


Tornavacas, chozo y corral para ovejas en Asperones
Tornavacas, chozo y corral para ovejas en Asperones


Tornavacas, cabras monteses en la sierra
Tornavacas, cabras monteses en Castifrío


Tornavacas, ciervas en la sierra
Tornavacas, ciervas en la sierra


Tornavacas, jabalí en la sierra
Tornavacas, jabalí en la sierra


Tornavacas, cabra montés enferma
Tornavacas, cabra montés enferma


Tornavacas, restos de ciervo comido por los lobos
Tornavacas, cría de ciervo comida por los lobos


Tornavacas, cráneo de macho montés
Tornavacas, hueso del cráneo de un macho montés


Tornavacas, cuerno de macho montés
Tornavacas, cuerno de macho montés


Tornavacas, restos de jabalí comido por los lobos
Tornavacas, restos de jabalí comido por los lobos


Tornavacas, restos de corzo comido por los lobos
Tornavacas, restos de corzo comido por los lobos


Tornavacas, restos de macho montés comido por los lobos
Tornavacas, restos de macho montés comido por los lobos


Tornavacas, posibles excrementos de lobo ibérico
Tornavacas, posibles excrementos de lobo ibérico


Dentro de la evolución normal en un ecosistema, el lobo ha vuelto a Tornavacas a ocupar su lugar en el mismo, la cúspide de la pirámide. Aunque pueda parecer contraproducente no es más que la regulación de la cadena trófica, si no hay depredadores naturales, se produce superpoblación de las especies con el perjuicio para la naturaleza que ello conlleva. No es para nada extraño que el aumento del monte y de las especies que en él habitan, haya facilitado la vuelta del lobo a Tornavacas. Era cuestión de tiempo.

miércoles, 20 de marzo de 2024

El lobo ha vuelto

Es muy probable que el lobo ibérico, (Canis lupus signatus) haya vuelto a Tornavacas.

Parece que sí y es más que probable. Quizá nunca debió desaparecer, al menos no del todo. Si se hubiera mantenido en el tiempo una población de lobos por pequeña que fuera conviviendo con el hombre, sabríamos de sus costumbres. Su actual forma de vida ahora mismo es una incógnita, al menos para la generación actual de tornavaqueños. Después de unos sesenta años parece que el lobo ibérico ha vuelto a ocupar los mismos enclaves en los que habitó hasta la segunda mitad del siglo XX en Tornavacas. Aún viven bastantes tornavaqueños que convivieron con el lobo y recuerdan muchas anécdotas y experiencias vividas con él. Una convivencia siempre difícil y siempre determinante para el cánido. Su extraordinaria capacidad para la caza de todo tipo de presas, también las domésticas, lo convirtió en el enemigo número uno para el hombre del campo. Esa cualidad única sirvió para que el maestro Félix Rodríguez De La Fuente lo catalogara como super depredador, junto con el águila Real. Sin duda dos colosos del reino animal y en concreto de la fauna ibérica de los que tenemos la suerte de disfrutar de nuevo en Tornavacas. Parte de la toponimia de nuestro pueblo se la debemos al lobo. Distintos nombres y expresiones que aún se conservan hacen referencia a este extraordinario animal: arroyo lobo negro, canchal de la lobera, calle peña lobos, estar alobadado, lobo lince, el lobo del Cardal, y muchos otros que seguro que se han perdido para siempre. Este valioso legado es producto del encuentro del hombre con el lobo. Difícil encuentro puesto que el hombre siempre ha visto al lobo como un competidor nato, que incluso ganaba en muchas de las contiendas con el ganado doméstico. Bien es cierto que la situación en la que vivían nuestros ancestros en nada se parece a los tiempos actuales. Durante las últimas tres décadas la cabaña ganadera prácticamente ha desaparecido de la sierra de Tornavacas. Ese abandono de las funciones esenciales para la conservación del monte como es la ganadería extensiva ha provocado un aumento de la masa forestal en todos los niveles. Ocupando el espacio que antaño tenían cabras, vacas, ovejas y otros animales domésticos, ahora lo hacen distintas especies silvestres como ciervos, corzos, jabalíes y cabras montesas. En algunos casos ha sido tal el crecimiento de la población de alguna de estas especies que al no tener depredadores naturales ha propiciado que haya incluso super población. No es para nada extraño que el aumento del monte y de las especies que en él habitan, haya facilitado la vuelta del lobo a Tornavacas. Era cuestión de tiempo.

“Antes estaban las dehesas limpias como un jaspe, había mucho ganado y además se ramoneaba cuando caían los nevazos y algunas fincas se pastaban hasta en la primavera así es que las cabras no dejaban crecer ni los perigallos, las matarrañas no prosperaban. Como no haya ganado en la sierra, en pocos años se cierra de monte y pronto vuelven los lobos, y si no, al tiempo”

Tornavacas cierva comida por los lobos
Tornavacas, cierva comida por los lobos


Tornavacas cierva comida por los lobos
Tornavacas, cierva comida por los lobos


Tornavacas huellas de lobos
Tornavacas, huellas de lobo en la nieve


Tornavacas huellas de lobos
Tornavacas, huellas de lobo en la nieve


Tornavacas, rastro de los lobos tras haber matado una presa
Tornavacas, rastro de los lobos tras haber matado una presa


La lectura principal que se puede sacar de esta situación es cómo será la relación entre el hombre actual y el lobo. Dado que apenas hay ganado en la sierra, ¿se le perseguirá hasta su completa desaparición como ya se hizo en el siglo pasado? ¿seremos capaces de cohabitar dentro de un mismo espacio y respeto mutuo? El tiempo nos irá diciendo según las acciones que se tomen en beneficio de todos. Por otro lado está la Administración, que a veces por desconocimiento o por exceso de regulación no sabe gestionar adecuadamente asuntos de esta importancia. La voz del ganadero y del hombre del campo se debe poner sobre la mesa y el diálogo y el consenso deben imperar para que una de las especies más bellas y enigmáticas de nuestra fauna ibérica pueda seguir habitando la sierra de Tornavacas. De todos nosotros depende.






domingo, 22 de octubre de 2023

Los dominios del buitre

El último eslabón en la sierra. Así se le puede catalogar a este gran necrófago. Especie misteriosa y sumamente valiosa en cualquier ecosistema.

Tornavacas buitre Leonado volando en la sierra
Tornavacas, buitre Leonado volando en la sierra

Ha sido el buitre en Tornavacas a lo largo de los años una especie reducida a lo más recóndito de la sierra. El hecho de que en nuestro pueblo se haya aprovechado para uso agrícola y ganadero todo el terreno por debajo del límite arbóreo y que desde ahí hasta nuestras cumbres la importante cabaña ganadera tuviera ocupado prácticamente todo el territorio, era el detonante de su reducido espacio de movimiento. Ni que decir tiene que en siglos pasados incluso se sembraba en cotas muy altas, solo hay que revisar algunos topónimos para comprobarlo: era del Cura, cuerda Cerro Pajar, huertos de Regajo Grande, huerta de la Serrá, huerteles de los Infiernillos, para comprobar hasta dónde sembraban nuestros antiguos ancestros tornavaqueños. Lo que demuestra que se aprovechaba prácticamente todo el terreno a excepción de los casqueros más escarpados.

Tornavacas casqueros en la sierra
Tornavacas, casquero con posaderos de buitres

Tornavacas casqueros en la sierra
Tornavacas, casquero en la sierra

La implacable mano del hombre contra todo lo que pudiera suponer un peligro o miedo, o simplemente no se le pudiera sacar rendimiento era otro hándicap importante para la vida del Buitre. Por ello se veían y se ven obligados a ocupar los lugares más ásperos e inaccesibles de la sierra de Tornavacas y por ende de toda la sierra de Gredos. Arriba ya casi en la cumbre donde únicamente hay canchales y algún carabón aislado y donde el acceso es más difícil o inalcanzable para el hombre es el hábitat propicio y seguro para este gran carroñero.

Tornavacas excrementos de buitre
Tornavacas, excrementos de buitre

Tornavacas posaderos con excrementos de buitre
Tornavacas, posaderos con excrementos de buitre

Tornavacas buitre Leonado en el nido
Tornavacas, buitre Leonado en un posadero

Hagamos un pequeño repaso a la historia reciente de Tornavacas y revivamos de la mejor manera posible la convivencia entre el buitre y el hombre en nuestro pueblo. Aunque pueda parecer extraño el hombre del campo tenía en los buitres un excelente aliado a la hora de anunciar alguna catástrofe, es decir, la pérdida de alguna res. Para aclarar este concepto, decir que tiempo atrás no había ningún tipo de tecnología a la hora de cuidar o vigilar el ganado en la sierra. Las alimañas siempre estaban atentas ante cualquier oportunidad. El lobo raro era el día que no preparaba alguna zalabardá, las tormentas tan frecuentes en la sierra una vez avanzado el verano también dejaban su huella en el ganado provocando la muerte de varias reses en la sierra cada año. El lobado y otras enfermedades diezmaban a veces de forma considerable las piaras sobre todo de vacas, que por entonces pastaban en la sierra de Tornavacas. Los enganches de las patas traseras de las vacas entre las piedras también eran y son un motivo muy frecuente de muerte del ganado que agosta cada verano en Tornavacas. Incluso subiendo a diario a la sierra a cuidar del ganado y conociendo el terreno casi como la palma de su mano, los ganaderos o quien se encargaba de su cuidado se ayudaban del buitre para detectar cualquier incidente sucedido a algún animal. Perder una vaca, un caballo o cualquier tipo de res por cualquiera de estos motivos, sin duda representaba un buen disgusto.

Tornavacas buitres comiendo carroña
Tornavacas, buitres sorprendidos comiendo carroña

Tornavacas vaca muerta en la sierra
Tornavacas, vaca muerta en la sierra

Tornavacas vaca muerta en la sierra
Tornavacas, restos de vaca comida por los buitres

Tornavacas vaca muerta en la sierra
Tornavacas, restos de vaca muerta a causa de un enganche

“Los pájaros te cantan enseguida dónde está la vaca muerta, a los pocos días ya han caído sobre ella y como te descuides solo encuentras el pellejo y los huesos. Los primeros que caen son los guarros y los buitres se conoce que ven a los cuervos y caen al momento. Los cuervos se comen los ojos y la lengua y a veces la empiezan por el culo, pero hasta que no llegan los buitres no la empiezan a vaciar. Hay veces que la dejan como un camellón ”.
Este es el relato real de alguno de los vaqueros o cabreros que vivían por aquellos años en la sierra de Tornavacas. Por entonces, si se descubría pronto el cadáver se subía con caballerías a por carne de la vaca muerta, para aprovechar todo lo que se pudiera. Eran tiempos de escasez y penuria, de modo que había que recoger todo lo posible para poder comer.

“Recuerdo una vez que se había muerto de lobado una vaca en los Asperones y nos dijeron que si queríamos ir a recoger la carne que se pudiera aprovechar porque según decían no afectaba a las personas. Subimos con la yegua del padre del Eduardo "el sopas", y otra bestia que no recuerdo de quién era. Llevábamos unos cuantos de sacos para bajar la carne en las bestias. Salimos antes de amanecer de aquí del pueblo y subimos por la Serrá para arriba, luego bajamos al puente de la Veguilla y pasamos la vaera. Cogimos la trocha de Melocotón y al llegar a la Lanchona estaba todo helado y no podíamos pasar. Tuvimos que echar sacos y terrones en el suelo para que las bestias no resbalasen, bueno y nosotros también porque había mucho hielo. Así pudimos pasar aquel cacho. Me acuerdo que las bestias resoplaban mucho porque les daba miedo pisar en los sacos que estaban encima del hielo. Luego ya fue mejor el camino, pero aquel trozo estaba mal para pasar. Cuando llegamos a donde estaba la vaca, ya la habían empezado los buitres. Había un montón de ellos y tuvimos que andar espantándolos y oye que se acercaban a nosotros cuando la estábamos destrazando. Lo que es el hambre que ni los bichos se espantan. Bajamos mucha carne en las dos bestias y tuvimos para mucho tiempo. Hicimos tasajos y chorizos con la carne de la vaca y echándolos buen avío de gordo quedan muy ricos. Esas eran las penas que pasábamos antes para poder comer”.

Por lo tanto, en algunos casos para el buitre únicamente quedaban los restos que el hombre no había podido aprovechar. Bien es cierto que ellos solían ser los primeros en degustar el manjar, pero si no estaban rápidos sabían que había otros también necesitados, aunque fuese el propio hombre. El hecho de ser un animal esquivo y misterioso, pues no se dejaban acercar al hombre propiciaba que éste sintiera curiosidad por su comportamiento. Era común entonces entre algunos de los vaqueros y cabreros capturar alguno de ellos por puro entretenimiento.

“¡Entonces era muy fácil cogerlos! Los preparaba un anzuelo de hierro, ahora tenía que ser fuerte el gancho que tú no sabes la fuerza que tiene un bicho de esos. Les ataba el anzuelo a un carabón o a un canchal y les ponía un cacho de carne en el gancho, y caían solitos. Se trabajan el hierro hasta los hígados y no creas que era fácil sacársele. Hay que ver los pedazos de carne que son capaces de tragarse esos bichos, no y no creas que se ahogan, que tienen unos tragaderos que pa qué. Aunque te liaras a garrotazos a ellos no les pasaba nada, escondían la cabeza entre las alas y como una piedra parecían. Y lo mal que huelen esos bichos! Como están todo el día entre las vacas muertas huelen a rayos. Encima en cuanto te arrimas a ellos, si no pueden volar bien porque tienen el buche lleno devuelven la comida y huele a podrido”.

Quizá el mejor indicador para evaluar la salud que tenía por aquel entonces la sierra de Tornavacas es saber que habitaban en ella tres de los grandes buitres que actualmente hay en la península: el buitre Leonado (Gyps fulvus), el buitre Negro (Aegypius monachus) y el Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). El más abundante ha sido y es el buitre Leonado, con verdaderas colonias y algunos nidos en lo más alto de la sierra. El buitre negro se deja ver con su característico plumaje, pero no hay constancia hasta la fecha de nidificación en Tornavacas. En cuanto al Quebrantahuesos hoy está desaparecido por completo. No muchos años atrás, vivía, habitaba y nidificaba en nuestra sierra. Sin duda un auténtico tesoro. El hecho que hubiera tantas cabezas de ganado en la sierra de Tornavacas proporcionaba alimento y regulaba la cadena trófica, propiciando que el ecosistema de alta montaña estuviese en completo y perfecto equilibrio.

“Estabas a lo mejor tan tranquilo sentado en algún canchal viendo las vacas y se escuchaban los golpes de los huesos que tiraban desde el aire y pegaban en alguna piedra y se partían. Al momento veías al pajarraco de caer en busca de los trozos y se los comía. Yo no sé, qué podían sacar de los huesos, pero así comían. En el canchal de los Gavilanes criaban todos los años. Allí con el casquero que hay era imposible subir a él, ni por abajo ni por arriba, así es que no les molestaba nadie y allí criaban”.

Relatos como estos escuchados de los propios protagonistas que tuvieron la oportunidad de vivir este tipo de momentos en la sierra demuestra cómo con los años se ha ido degradando el ecosistema y por ende el conjunto de la sierra.

Tornavacas hueso de vaca comida por los buitres
Tornavacas, hueso de vaca comida por los buitres

Tornavacas hueso de vaca comida por los buitres
Tornavacas, restos de vaca comida por los buitres

Tornavacas restos de una vaca comida por los buitres
Tornavacas, restos de vaca comida por los buitres

Tornavacas cabra montés muerta en el agua
Tornavacas, cabra montés muerta en el agua

Tornavacas cabra doméstica muerta
Tornavacas, cabra doméstica muerta

La extraordinaria labor que ejercen los buitres al final de la cadena alimentaria aporta higiene y limpieza a la sierra y con ello a todos sus moradores. También al hombre, puesto que los cadáveres putrefactos en los cursos de agua pueden dar lugar a epidemias o enfermedades. Pero para eso están los buitres, para hacer esa labor impagable de limpiar de cadáveres la sierra, mantener limpio el entorno y actuar como benefactores de la salud y de la humanidad. Pero claro, el hombre no repara en los beneficios que nos proporcionan ese tipo de especies. Estudios recientes realizados en la India han comprobado que desde los años 90 hasta principios de los años 2000, el número de buitres descendió alarmantemente. La causa no era otra que el uso de diclofenaco, un fármaco antiinflamatorio utilizado por los granjeros y que se aplicó al ganado, sobre todo a las vacas. Este fármaco es en teoría inofensivo para el hombre y para las vacas, pero a los buitres que consumieron carne de animales que habían sido tratados con él les provocaba la muerte en cuestión de semanas. Al descender el número de buitres los cadáveres atraían a perros y ratas portadores de rabia y otras enfermedades de las que sí se han contagiado los humanos. La pérdida en el número de buitres y la propagación de estas enfermedades provocadas por las ratas y perros provocó la muerte de muchas personas (Fuente The Economist).

Tornavacas vacas pastando en la sierra
Tornavacas, vacas pastando en el Tejaíllo

Tornavacas vacas pastando en la sierra
Tornavacas, vacas pastando en la Angostura

Tornavacas ganado pastando en la sierra
Tornavacas, ganado pastando en las Estalamancas

El buitre es una especie clave dentro del ecosistema. Es el último eslabón de la cadena alimentaria y son absolutamente imprescindibles para asegurar la calidad e higiene en el entorno, pues se encargan de hacer desaparecer todos los cadáveres y restos que pueden contaminar las aguas y provocar plagas y enfermedades. El descenso de la cabaña ganadera en la sierra de Tornavacas unido a la falta de relevo generacional en la dura labor del cuidado y mantenimiento del ganado en la alta montaña, puede ser un factor determinante en la conservación del buitre. Bien es cierto que actualmente en toda la sierra de Gredos hay otras especies como la cabra montés (Capra pyrenaica victoriae), que están ocupando el lugar que antaño pastaban caballos, cabras y vacas en la sierra, y pueden proporcionar alimento a esta especie emblemática. Esperemos que la silueta de esta gran ave perdure para siempre coronando nuestras cumbres y aportando ese halo de misterio que la caracteriza.


Tornavacas, buitres en la sierra


domingo, 24 de julio de 2011

El Sestil

Cuando la vida llevaba su curso y retumbaban los campanillos por San Juan, todo se revolucionaba por momentos. Los niños correteábamos como locos escapando de la bravura de las reses en la calle, y las madres con la escoba en la mano preparadas para usarla. La nieve deslumbraba en el circo de la sierra, los carabones  explotaban compitiendo con otras flores por la belleza, la manzanilla comenzaba a despertar una vez destapada  por la nieve, y los cabreros escobaban el chozo y quitaban las telarañas.
Todos los días se acudía al sestil, aunque fuera en la montaña, el calor no perdonaba y el ganado lo sentía. A la sombra de un aliso en el fresco de un arroyo, o en el asiento de un collao en el “mosquil” de los robles, se tumbaba la piara y casi enmudecía, no se movía nada, apenas la brisa serrana que más que refrescar, calentaba.

pastoreo en el valle del jerte
Cabra verata sesteando, Tornavacas

Pero ya no existe todo esto y sin embargo el sestil sigue existiendo, ha cambiado la forma de la vida y el letargo… perdura.
Me acosté en el sestil y quedé profundamente dormido, comencé a soñar, casi todo era bonito, pero fue una siesta larga, y no reparé en el tiempo. Al volver a la rutina ya no era lo mismo. Observé cómo había pasado el tiempo y ¿no lo había vivido?
El sonido de la infancia había desaparecido, el aroma de la sierra parecía desvanecido, ¡no se escuchaban piquetes!, ¡no se escuchaban bramidos! El “dueño de la palabra “se fue  peinando los vientos y los chozos aguardaron otro año la llegada de  cabreros.
Después de la pesadilla llegó la reflexión, no se puede parar el tiempo, no se puede cambiar la vida, hay que aceptar esos cambios, hay que mirar hacia arriba. 


pastoreo en el valle del jerte
Granito en el Tejaillo, Tornavacas

…pasado ya “el Portezuelo”, casi en el morro ”majá Reina” las piernas se derrumbaron, y paré a descansar, allí había una perdiz con nueve pequeños polluelos, que asustados ante mí, se quedaron indefensos. Eso te da las fuerzas para seguir mirando hacia arriba y beber en la fuente los Perros antes de coronar la cima.


domingo, 26 de septiembre de 2010

El Agostadero

Hubo un tiempo en que todo era verde, el agua rezumaba por todos lados y las flores adornaban los montes.Después del abrasador estío el pasto en quien domina, la alfromba cambia de color, simplemente es otro tipo de belleza. Las majadas se preparan "solitarias" para el azote de las lluvias que se acercan.

pastoreo en el valle del jerte
Majadas de cabreros, Tornavacas

El ganado se pasea por las nubes y disfruta la frescura de la sierra. La otoñada se presenta con buena cara, los días frescos aparecen de improvisto, aunque dependerá de la dureza del clima. Si el otoño viene fuerte, pronto barrerá las hojas de los árboles y castigará a los habitantes de la cumbre.

pastoreo en el valle del jerte
Vaca en la sierra de Tornavacas

Al abrigo de los cerros se oirán desde lejos los cencerros, y con el empuje de las nubes... volveremos a ver correr los arroyuelos.

pastoreo en el valle del jerte
Sierra de Tornavacas


lunes, 17 de mayo de 2010

Refugio Milenario

Desde tiempos inmemoriales se han utilizado los chozos como vivienda de cabreros y pastores en la escarpada sierra tornavaqueña. Su procedencia es algo incierta, pero se cree que tienen raices celtas - vettonas. Sea como fuere, lo cierto es que se han ido manteniendo a lo largo de los siglos, que no es poco, como único sistema del hogar más confortable ante las inclemencias del clima. Esto tiene más valor aún, pues al ser construcciones tan perecederas había que repararlas todos los años, después de soportar duros nevazos y temporales enormes de lluvia, con el trabajo añadido del cuidado del ganado.

chozo en el valle del jerte
Antiguo chozo, Tornavacas

Hace unas décadas aparecieron otro tipo de construcciones: las casetas, de forma rectangular con tejado de tablas y tejas, y poco a poco han ido quitando protagonismo y uso a los tradicionales y bonitos chozos. Éstos ya sólo se usaban como queseras, o bien para el ganado como cochineras o gallineros, a excepción de alguno que ha perdurado como vivienda habitual sin modificaciones.

También los había de gran tamaño y de forma alargada para meter el rebaño, sobre todo en los duros meses invernales. Éstos por desgracia, si que prácticamente han desaparecido, tan sólo quedan unos cuantos y la verdad en claro retroceso. Eran llamados:” A lomo toro” quizá por ser tan alargados y tener cierta semejanza con el lomo del citado animal.

chozo valle del jerte
Chozo de pastoreo, Tornavacas

Hoy en pleno 2010, aún se pueden ver bastantes de estas construcciones circulares en la extensa serranía de Tornavacas, unos conservados por los mismos cabreros que continuan ejerciendo esa labor impagable, y otros reformados por la administración para uso de los agentes forestales, y como refugio ante una posible tormenta. Esperemos que sigan transcurriendo los siglos y continuen existiendo los chozos en la sierra de Tornavacas, como recuerdo y herencia de los primeros pobladores que la ocuparon y que nos dejaron un legado tan abundante y rico.