sábado, 23 de noviembre de 2013

No Me Pises Invierno

Con el paso de los años van cambiando las costumbres, no se perciben como antes los reflejos de la vida. El avance de los meses ya no es indicativo de los cambios en el clima, tan pronto llueve en verano, como calienta el sol en octubre y a la vez se nievan las cumbres. El verano se extiende, se extiende y se alarga más de septiembre. Y cuando debiera comenzar la belleza del otoño, de repente aparece el frío y acompañado de nieve. Aún no colorean las hojas y el viento las arranca de los árboles, la nieve se presenta de repente y obliga a esconderse a los duendes del bosque y la escarcha se acomoda en las umbrías, que ya es hielo a los tres días.
Y yo me quedo sin tiempo para exponer las estampas de “hogaño”, y en cuanto me desnude el viento, de poco servirán mis lamentos. Cada vez me cuesta más hacerme un hueco en el clima, no sé que me está pasando “esto me da mala espina”. Hace un tiempo que oigo hablar de un tal cambio climático. ¿No será una nueva estación que haya inventado el ser humano? Y si así fuera ¿Será por lo menos igual de bella? Mucho me temo que no, que si viene del hombre no será buena. Dejaré paso al invierno que este año viene con fuerza y ya me contará él, que tal le fue en este año, porque lo que es a mi me dejaron sin espacio.

domingo, 7 de abril de 2013

Tiempos Extraños


Hace ya varios años que no nos deparaba el clima tanta abundancia de lluvias, como la que estamos viviendo en este año. Resulta casi una bendición después de tanto tiempo de sequía prolongada, que obligaba a algunas especies hasta el extremo, y muchas otras agonizaban hasta la muerte durante el verano. Casi resulta extraño ver los arroyos tan bravos y el propio río desbordándose en algunos puntos de su cauce. Aunque de raro nada, más bien olvidado. Se nos olvida muy rápido que el invierno es de hielos, lluvia, frío y nieve, como se ha visto este año. Y que la primavera debe continuar con esa misma tendencia, si bien con las temperaturas más suaves, pero con abundancia de precipitaciones que aseguren el sustento estival.



Seguirán los torrentes bravucones mientras duren las nieves en las montañas del Valle del Jerte. Pero poco a poco irá mermando su caudal y para entonces  ya se nos habrá olvidado el rugido que llevaban en invierno.



Seguiremos malgastando y contaminando un bien tan escaso como el agua y que nos mantiene con vida. Volveremos  a quejarnos cuando el sol caliente en el estío y pediremos frescura y agua para sofocarnos del calor. Pero no aprenderemos nunca que la Naturaleza es quien nos marca el camino, quien nos da la vida, quien nos encauza cual arroyo de montaña, que nos permite alguna vez salirnos de nuestro lecho, pero con la obligación de volver por nuestros fueros, pues no somos si no una especie más  de las que la componen.