viernes, 27 de abril de 2018

Tornavacas la magia del Fuego y Romería de la Cruz


Historia de una fiesta ancestral y única en Tornavacas


tornavacas fiesta del fuego
Tornavacas fuego en calle Real de arriba


2 de mayo, día del fuego

"¡Qué bien! Por lo menos hoy no llueve.
- Sí, y eso que ha llovido mucho, pero ya sale el sol y está buen día.
-He visto una rabilonga metiéndose en la pared de la gargantilla.
- Y yo he visto un nido de mierlas, y tiene dos huevos ya, ¡jolín! Este año se les han adelantado con los nidos, y mira que la rabilongas son tempranas.
- ¡Oye! Me ha dicho mi padre que hay una raíz de castaño muy grande en el camino de Becedas, que se ha caído del matochero que está al lado del camino, allí en la Hoyuela.
-Pues hay que ir a por ella. - ¿Nos vamos esta tarde?
- Yo no puedo, tengo catequesis.
-Pues mañana sin falta, no vaya a ser que nos la quiten.
-Si, si, que los perches ya tienen unos cuantos troncones allí arriba en el desmontado, los vi ayer."

Así comenzaba allá por los años 80, la magia del fuego en Tornavacas. Cuando los niños nos reuníamos después de la escuela en la puentecilla, para empezar a preparar los tiros y comenzar con la recogida de los troncones.

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Tornavacas troncones amontonados

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Tornavacas rincón típico con troncones

Casi con toda seguridad es esta la fiesta más mística y singular de todas las que se celebran en Tornavacas y sin duda una de las fiestas más singulares de todo el valle del Jerte. No se conoce con exactitud su procedencia, no se sabe su significado, ni tampoco si representa la llegada de la primavera o se utiliza para quemar trastos viejos. Pero lo cierto es que continúa celebrándose casi de la misma forma a lo largo de los años. Es probable que sus orígenes sean Celtas o quizá Vetones, aunque no está documentado, ni se ha estudiado a fondo sobre su origen.
Cuando los pajarillos barruntan el buen tiempo y las lluvias parecen descansar, los chavales empezábamos a preparar los tiros. Estos artilugios son trozos de palo normalmente de castaño o cerezo a los cuales se les ata un trozo de trenza hecha con cuerdas por los propios niños. Con la ayuda de una piedra en el troncón se clavarán púas o trozos de herraduras viejas que aguantan más, para poder arrastrar los troncones a cada uno de los barrios del pueblo. Cuando los troncones son grandes se les llama matacanes, y se ponen tiros dobles, para incrementar la fuerza y así poder arrastrar el preciado tesoro a su destino.

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Tornavacas rincón típico con troncones

El día del fuego se celebra cada dos de mayo y durante los meses previos ya se comienzan a recoger troncones de los caminos, fincas y de cualquier sitio donde los haya. Las raíces de roble en las orillas de las pistas forestales, los troncos de los castaños centenarios de Tornavacas, que precedían a los cerezos en las fincas, y que ahora se amontonan en las propias orillas. Algunos restos de chopo, que han sido cortados para aprovechamiento de su madera, o incluso restos de madera de alguna casa vieja son utilizados, para el fuego. En la actualidad los troncones, casi todos procedentes de los cerezos ambruneses y picotos (condenados estos a desaparecer), se recogen con tractores o incluso con camiones. Los niños ya no van al campo a recogerlos, sin duda es parte de esa esencia de la fiesta del fuego, que poco a poco se va perdiendo con el paso de los años y que únicamente quedará en el recuerdo.

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Tornavacas recogida de troncones para el fuego

La competición entre los distintos barrios de Tornavacas es enorme. Todos quieren hacer el fuego más grande, aún a riesgo de poner en peligro algunas viviendas cercanas. Sin duda en la Plaza de la Iglesia o en el Pilón es donde se hacen los fuegos más grandes, sin olvidar el del Parador o el de la Calle Ancha, que, aunque no muy alto, siempre ha sido muy ancho, gracias al espacio y amplitud de la calle en ese trozo. Otros barrios, aunque no pueden hacer el fuego tan grande, sí que tienen troncones para ello, pero se tienen que conformar con irlos quemando a medida que el fuego desgasta los primeros troncones y raíces amontonados. Toda la calle real de Tornavacas queda adornada con las estructuras de madera, hechas con los troncones que el fuego devorará en una noche mágica.

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Tornavacas, colocando troncones para el fuego

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Tornavacas, fuegos a lo largo de la calle real

Por fin llega el día del fuego. El dos de mayo desde por la mañana se va echando tierra en el lugar donde se hará la monumental hoguera, con el objetivo que no dañe el pavimento de la propia calle. Según avanza la tarde ya se nota el aire festivo, mientras tanto, las mujeres adornan una cruz de madera con hiedra y flores, que se pondrá en la puerta del mayordomo del barrio. Normalmente es el mayordomo de cada barrio quien enciende el fuego, así lo hacía años atrás tío Demetrio en el fuego de la plaza de la iglesia. Por otro lado, los hombres comienzan a reunirse y poco a poco van juntando los troncones y raíces, para construir la enorme estructura de madera. Los más grandes se ponen de base y con esfuerzo se van apilando unos encima de otros. Cuando la altura es considerable y la fuerza del hombre no alcanza, se utilizan grúas para tal menester, pues las dimensiones de la estructura ya son considerables y hay riesgo de derrumbe.

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Tornavacas, corona de hiedra y flores

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Tornavacas, fuego en la plaza de la iglesia

Cuando se va terminando de colocar los troncones y va cayendo la tarde, el bullicio es enorme, todo el pueblo se revoluciona y la calle es un hervidero de gente. Se terminan de revisar los últimos troncones en la parte más alta de cada fuego y en la parte de abajo se ponen unas encendajas, para después prenderlo. También se coloca una cruz de madera en todo lo alto, adornando la estructura hecha con los troncos. En algunos barrios coronan el fuego con alguna silla vieja, o algún escaño antiguo de madera. Poco después, cuando ya va pardeando la tarde, se procede a prender el fuego. Antiguamente hasta que no pasaba la boyá (piara de cabras, compuesta por una o dos cabras, de cada uno de los vecinos del pueblo, a las cuales guardaba un vecino de Tornavacas y que se paraban en la puerta de su dueño, cuando volvían por la tarde, para ser recogidas) por la calle del pueblo no se prendían los fuegos, para evitar que se espantasen las cabras y pudieran recogerse cada una a su redil.

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Tornavacas, interior del fuego

La noche ya quiere asomar y la tarde se despide. El mayordomo del barrio enciende el fuego, el olor a humo se aprecia en el aire, y los vecinos charlan sobre la construcción del fuego y sobre las dimensiones de este, a la vez que se echa un trago de vino o de gloria. Después en cada barrio se organiza un festín. El olor a carne asada se palpa en el ambiente, y el vaso de vino corretea de mano en mano a la vez que se da a probar a los visitantes y turistas que se acercan a visitar Tornavacas. Los cantes acompañan al fuego, es un día de fiesta y todo el pueblo participa.

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Tornavacas, fuegos en la calle real de arriba

Mientras todo esto ocurre, la magia del fuego envuelve Tornavacas. El resplandor de las llamas en la noche convierte al pueblo en una villa medieval. El viento mueve la humareda y las chispas se desprenden de los enormes troncones ardiendo, algunos se desprenden de la estructura y caen al suelo envueltos en llamas. A media noche las calles de Tornavacas ya están tomadas por el fuego y dan al pueblo una imagen única, trasladando al visitante la sensación de estar viviendo en otro tiempo.

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Tornavacas, fuegos a lo largo de la calle

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Tornavacas, plaza de la iglesia

Los vecinos del pueblo recorren las calles visitando el fuego de otros barrios y probando el ponche que se les ofrece en cada una de las corromblas. Con el pueblo de Tornavacas envuelto en llamas, la noche del dos de mayo se difumina entre el humo de los fuegos y el aire serrano que baja desde el puerto, aportando ese frío tan típico en las noches tornavaqueñas. Por la mañana solo quedarán los rescoldos de algún troncón sin quemar, que son amontonados por los vecinos más madrugadores, con el fin de terminar de quemar los restos de madera que no se han consumido durante la noche.

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Tornavacas, rescoldos del fuego por la mañana

Así concluye esta fiesta única, ancestral y misteriosa en Tornavacas. Una fiesta, que debería ser declarada de interés turístico, tanto por su antigüedad y tradición, como por la singularidad y la parte mística que encierra.


3 de mayo, día de la Cruz de santa Bárbara


"Por la Cruz la parra reluz… Y el lobo ve luz", decían los más antiguos de Tornavacas, refiriéndose a que ya se conoce la primavera en las parras, y los lobeznos abren los ojos en la lobera, por estas fechas.

tornavacas romeria de la cruz
Tornavacas, cruz de santa Bárbara

La romería de la Cruz de santa Bárbara es una fiesta especial, única y tradicional en Tornavacas. Después de la noche del fuego, los tornavaqueños comienzan a preparar las viandas que se degustarán en lo alto del monte. A la cimará del hoyo La Erita se divisa la enorme Cruz. Un poco más arriba de la cruz, en cada uno de los tres collados: saleras, hondo y cimero, todos los tornavaqueños se reúnen para pasar un día festivo en el monte y disfrutar de su romería.

tornavacas romeria de la cruz
Tornavacas, hacia la ceremonia religiosa

Mientras los hombres recogen leña y van preparando la lumbre para después asar la carne, las mujeres terminan de preparar la corona de flores que se pondrá en lo alto de la Cruz a la hora de la misa. Una vez preparado el altar, el párroco de Tornavacas celebra una misa. A ella acude la gente del pueblo que sentados en el suelo simulando un anfiteatro natural y con unas vistas únicas, tanto del Valle del Jerte como de la sierra de Tornavacas, escuchan con devoción. Cuando finaliza la misa, el párroco bendice los campos, se coloca la corona de flores en lo alto de la cruz y se da por concluida la ceremonia religiosa.

tornavacas romeria de la cruz
Tornavacas, celebración de misa en la cruz

Durante todo el día, la charanga acompaña a los tornavaqueños en su romería y se bailan pasodobles y jotas. Todo el mundo participa en diversos juegos populares. Los más fuertes tiran de la soga, juegan al hinca mocho o al tango, otros compiten en el juego del pincho o en las carreras de sacos. Las mujeres por su parte saltan a la comba o juegan a la goma. Los niños ya tienen su campo de fútbol improvisado, con dos piedras se hacen las porterías y esquivan los robles cercanos que también juegan con los chavales. La pureza del aire que baja de la sierra propicia la actividad y el ejercicio en plena naturaleza.

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Tornavacas juegos populares, tirando de la soga

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Tornavacas juegos populares, el hinca mocho

El ambiente festivo se respira en el llano, los tornavaqueños han hecho acopio de leña para la lumbre. Actualmente es el ayuntamiento de Tornavacas quien se encarga de proveer de leña seca y cortada para hacer el fuego. Años atrás, eran los propios tornavaqueños quienes segureja en mano cortaban algunos robles para poder hacer fuego y asar carne a la brasa. También se recogen tángalos secos del monte y escobones para avivar y encender la lumbre. Las barbacoas echan humo y huele a carne asada. Los más atrevidos preparan una paella, algunos tienen un jamón colgado de un roble y van sacando tajadas. La bota del vino hace ronda y el vaso de gloria tampoco para. Es un día especial.

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Tornavacas juegos populares, el pincho

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Tornavacas juegos populares, el tango

Después de la comida se pasea, se baila y se charla. Los juegos de mesa también recrean la jornada festiva. Otros deciden ir hasta la garganta de san Martín, para bajar la comida y refrescarse con el agua limpia y clara que baja desde Castifrío, que aún conserva nieve por estas fechas. Según avanza la tarde el vino y la gloria van haciendo efecto, los cantes se suceden y las risas inundan el paraje de montaña. La lumbre se atiza de nuevo, para preparar la merienda. La brisa serrana se hace notar, el fresco de la sierra es otro invitado más a la romería. Algo muy típico en la romería de la cruz, llegando incluso a hacer frío algunos años o nevar, pese a estar ya en el mes de mayo. Aunque esto es normal en Tornavacas, por algo es un pueblo de montaña.

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Tornavacas, comida en la romería

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Tornavacas, juegos y baile

Con este ambiente festivo la tarde se va despidiendo y el sol se empieza a ocultar por el fondo del valle. Los tornavaqueños recogen los enseres y viandas que han sobrado y sacuden las mantas berrendas, que durante todo el día han estado cubriendo el suelo. El día de la cruz se ha pasado entre amigos y familia, la tradición un año más se ha cumplido. Hasta el año que viene el monte de la cruz no volverá a tener tanto alboroto, para cuando la gente de Tornavacas vuelva a celebrar su romería.

tornavacas romeria de la cruz
Tornavacas, cruz de santa Bárbara

jueves, 18 de enero de 2018

Valle del Jerte las puertas del olvido

La desaparición de los caminos de arrieros, junto a la merma de las caballerías como soporte principal de las labores del campo, es el detonante de la desaparición de las porteras de madera en las fincas de cerezos en el Valle del Jerte.
valle del jerte camino de arrieros
Tornavacas, Camino de arrieros

La mecanización de las labores del campo y la construcción de pistas forestales para acceder a las fincas de cerezos en el valle del Jerte ha propiciado el cambio de las puertas de acceso a las mismas. Dichas puertas están adaptadas a los nuevos vehículos que se utilizan en las tareas agrícolas, algo sin duda mucho más beneficioso, para la siempre dura labor del cultivo de los cerezos en un terreno tan escarpado.

valle del jerte cerezos y nieve
Tornavacas, cerezos con nieve

Tiempo hace ya que los palos no se menean y la llegada de nuevos materiales va dejando a las porteras de madera atrasadas en el tiempo. Mucho han visto pasar por sus pies y mucho han visto de llover, pero poco a poco van desapareciendo estas bonitas porteras de las fincas de cerezos en el Valle del Jerte.

valle del jerte portera y cerezos
Tornavacas, típica portera y cerezos

El aprovechamiento de la madera una vez cortada, reciclándola y haciendo un doble uso de ella. Sin duda las generaciones pasadas maximizaban el uso de los materiales, solo hay que ver la durabilidad de la madera usada en algunas de estas porteras, muchas de ellas moldeadas con azuela y segureja. Aunque apenas ya se usen y poco a poco vayan quedando abandonadas, el mimetismo de la madera vieja con el paisaje del Valle del Jerte embellece aún más el entorno. Los cerezos descansan en los bancales que, sujetados por la piedra, continúan embelleciendo las laderas.

valle del jerte cerezo en flor
Tornavacas, cerezo en flor

Mientras tanto las porteras del Valle del Jerte, y estas en concreto en Tornavacas van desapareciendo de la estampa valle jerteña.
¡Quedarán para el recuerdo!Yo sé bien por qué lo digo, pues en el Valle del Jerte están las puertas del olvido.

jueves, 24 de agosto de 2017

Claridad en el Agua y Oscuridad en el Futuro del Valle del Jerte

Al final venció la Serpiente y como era de esperar sucedió la catástrofe. Hace ya algunos años que se veía venir, aunque la misericordia de las nubes disimulaba la insaciable sed del hombre.

valle del jerte garganta de san martin
Tornavacas, Garganta de San Martín seca en verano

Cada verano las gargantas del Valle del Jerte, y estas en concreto de Tornavacas, ven como se diezma su caudal, languidecen sus truchas y mueren sus riberas. Algunas reliquias botánicas como el durillo (Viburnum tinus), han perecido en las cancheras muertos de sed. La nueva especie en forma de serpiente negra introducida por el hombre hace ya bastantes años, ha acabado por ganar la batalla y quizás la guerra. Las innumerables gomas kilométricas esparcidas por los cauces de nuestras bellísimas gargantas y ríos de montaña a lo largo de todo el Valle del Jerte, ha propiciado que se sequen por completo durante la época estival, dando lástima al contemplar tan terrible escena.

garganta en el valle del jerte
Tornavacas, Garganta de San Martín con gomas instaladas

El usurpador y ladrón de agua, ese que cree que todo es suyo, aún no es consciente de la barbarie cometida. La pérdida de biodiversidad, la lenta muerte de los bosques galería y el daño al ecosistema fluvial, con todo lo que ello conlleva, traerá terribles consecuencias que afectarán al campo. También a los cerezos, esa “mina” que como todas acabará por agotarse, si no se la deja un tiempo de recuperación o regeneración. La pésima gestión del agua, unida a la dejadez por parte de la administración, está dejando un rastro de muerte y sequía a su paso. La cada vez más ausencia de precipitaciones, o la acumulación de estas en forma de trombas o tormentas, traerá mayores desastres naturales que se agudizarán por la falta de vegetación ribereña y la desertificación provocada por el hombre.

garganta de becedas en el valle del jerte
Tornavacas, Garganta de Becedas con gomas instaladas

Antiguamente los caños servían para regar tanto las fincas de cerezos del Valle del Jerte, como las barreras y parajes por los que discurrían, sin olvidar los prados (casi todos desaparecidos), que “escupían” agua por doquier. Todo este sistema de riego además de humedecer el entorno y surtir fuentes y arroyos, generaba frescura y la vegetación lo agradecía.

garganta de becedas en el valle del jerte
Tornavacas, Garganta de Becedas casi seca

Es cierto que todo ha cambiado: el modelo de vida, la agricultura, la forma de cultivar los cerezos en el Valle del Jerte, y la propia filosofía y costumbres de la gente, pero la Naturaleza es sabia, y tiene memoria. Más pronto que tarde nos demostrará nuestro error y deberemos rectificar, volver a construir y hacer una buena y correcta gestión del agua, ese bien tan escaso, que nos permita seguir ocupando esta tierra sin la necesidad de esquilmarla.