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miércoles, 10 de septiembre de 2025

Los Quintos de Hogaño

Hay que retroceder en el tiempo varios años para entender y explicar la profundidad que tenía el hecho de ser quinto en Tornavacas. En la actualidad prácticamente se ha desvirtuado tanto esta tradición que además de estar casi olvidada, ha perdido casi todo su encanto, y mira que tenía. Para los mozos del pueblo representaba un verdadero orgullo e ilusión el hecho de ser quintos. La desaparición del servicio militar obligatorio ha sido quizás una de las causas que ha provocado que esta tradición se haya ido modificando, olvidando y perdiendo a lo largo de los años.

Tornavacas, macho cabrío engalanado
Tornavacas, macho cabrío con albahacas

Servicio Militar en Ceuta 10 de Julio de 1952
Servicio Militar, Ceuta 10 de Julio de 1952

Tornavacas, Martín Sevilla Lucas
Tornavacas, Martín Sevilla Lucas - 1931 aprox.

Tornavacas, quintos en 1960 o 1961
Tornavacas, quintos en 1960 - 1961

Tornavacas, quintos con el macho
Tornavacas, quintos con el macho

Entrar en quinta era sinónimo de madurez para los mozos. Llegar a la mayoría de edad representaba en muchas ocasiones salir por primera vez de casa, es decir, del cobijo de los padres. Dado que aguardaba un periodo largo y obligatorio de a veces hasta tres años de servicio militar, esta tradición se celebraba con mucho fervor y entusiasmo por los antiguos mozos del pueblo. El pase de la gorra de la quinta anterior a la siguiente suponía el punto de partida de ese año tan marcado y especial. Ese traspaso se realizaba el día de la víspera de la Virgen de agosto, y se hacía un ponche que siempre pagaba la quinta entrante y se bebía y disfrutaba entre las dos quintas por igual. La amistad siempre estaba entremezclada entre personas de distintas quintas, por lo que la fiesta se disfrutaba en común. Durante algunos años también se celebró en Tornavacas un partido de fútbol entre las dos quintas, la saliente y la entrante, con una sana rivalidad en la que el resultado era lo menos importante, pues eran días de fiesta y armonía para todos.

Tornavacas, amigos paseando el macho
Tornavacas, amigos paseando el macho - 1975 aprox.

Tornavacas, amigos paseando el macho
Tornavacas, quintos paseando el macho 1979

Tornavacas, amigos paseando el macho
Tornavacas, amigos paseando el macho, peso:136 kg -1983

Tornavacas, quintos paseando el macho
Tornavacas, quintos paseando el macho - 1988

Tornavacas, quintos paseando el macho
Tornavacas, quintos paseando el macho - 1981

Tornavacas, quintos paseando el macho
Tornavacas, quintos paseando el macho - 1984

A partir de ahí, la quinta entrante del año era la protagonista en todas las fiestas del pueblo. Sobre todo en las del Cristo del Perdón en septiembre, algo que cada quinta ha vivido y disfrutado con gran pasión. Cuando el dinero lo permitía normalmente se hacían camisetas para todos los quintos con algún dibujo estampado y con la fecha del año en que se era quinto, además de alguna frase o reseña particular . Ese hecho de ser ya quinto otorgaba a los miembros de la quinta la autoridad moral para “cobrar el piso” a cualquier forastero que osara pedir salir a alguna moza del pueblo. Se acordaba un importe que el forastero tenía que entregar a los quintos del año, para poder salir con la muchacha en cuestión. Si se negaba a hacerlo, normalmente había discusiones y peleas que no siempre acababan bien.
Durante los carnavales se corrían los gallos, es decir, se atravesaba una soga en un camino de la cual se colgaban varios gallos boca abajo, y los quintos montados en caballos y al galope intentaban arrancar la cabeza del animal, como símbolo de virilidad. Esta costumbre hace muchos años que no se practica, debido al maltrato que sufrían los pobres gallos. También en las fiestas del carnaval todos los quintos revestidos y disfrazados con cualquier prenda o trapo salían por las calles del pueblo a pedir chorizos y huevos, los cuales transportaban en banastas encima de una burra. Todos estos manjares se degustaban en la peña o broma, con distintos amigos que también se unían al convite. A la comitiva carnavalesca la acompañaba siempre un buen ponche de vino de pitarra, además de algún transeúnte que siempre se unía a la fiesta. Mientras se iba pidiendo por la calle se cantaban rondeñas acordes a las fechas.

Tornavacas, nevado década 1970
Tornavacas nevado inicio década 1970


Tornavacas, quintos pidiendo huevos 1990
Tornavacas, quintos pidiendo huevos y chorizos - 1990 - 1991


“Ya vienen los carnavales 
La feria de las mujeres 
Y a la que no salga novio 
Que espere al año que viene” 


 “Qué es aquello que reluce
En lo alto los Sillares
Un nevazo que ha caído
Víspera los Carnavales

Tornavacas, quintos de ronda
Tornavacas, quintos paseando el macho - 1980 aprox.

Tornavacas, quintos de ronda
Tornavacas, quintos de ronda por la calle - 1984

Tornavacas, quintos de ronda con el macho
Tornavacas, quintos de ronda con el macho - 1982

Tornavacas, quintos de ronda con el macho
Tornavacas, quintos de ronda con dos machos - 1985

Tornavacas, quintos de ronda con el macho
Tornavacas, quintos de ronda con el macho - 1986 - 1987 aprox.

Tornavacas, quintos de ronda con el macho
Tornavacas, quintos de ronda con el macho - 1985

Durante las fiestas del Cristo del Perdón en septiembre también se hacía la broma o peña. En la casa de alguno de los quintos o en alguna cochera alquilada para la ocasión se preparaba todo para pasar las fiestas patronales disfrutando de la algarabía y el jolgorio juvenil. Se buscaba entre las mujeres del pueblo una cocinera para que hiciera los distintos guisos para todos los quintos y arrimados. La caldereta de carne a la lumbre o en el butano estaba asegurada, además del picadillo hecho con carne de cabra cruda cortada en trozos muy fina y salpimentada y aderezada además con dos o tres guindillas. Siendo esta una comida muy típica durante las fiestas del Cristo del Perdón años atrás. A veces se compraba una cabra machorra a cualquiera de los cabreros del pueblo, se la mataba la víspera del Cristo y se iba comiendo a lo largo de las fiestas. El macho cabrío engalanado con cintas y globos que se paseaba por las calles del pueblo el segundo día de las fiestas, igualmente se sacrificaba, una vez terminada la ronda y se consumía durante el resto de los días de fiesta. Algunas quintas compraban incluso un choto o un novillo que además de soltar en la plaza Nueva para torearlo, se sacrificaba igualmente en el antiguo matadero de Tornavacas y se consumía a lo largo de las fiestas y ferias de san Mateo. La cocinera contratada al efecto se encargaba de realizar distintos guisos para ir degustando la carne. Eran días de fiesta y armonía que se vivían a pleno rendimiento. Con una ilusión y una felicidad que se contagiaba entre las distintas peñas que había en Tornavacas, y por entonces eran muchas. Los foráneos de otros pueblos cercanos que se acercaban a disfrutar de las fiestas del Cristo igualmente se integraban en cada una de las peñas y disfrutaban de las distintas viandas que se les ofrecían. Si algo caracteriza a Tornavacas es su hospitalidad y buena acogida a todo el que lo visita, y más aún si es en días festivos.
Antiguamente los propios quintos subían andando a los majales que había en la sierra en dónde estaban los cabreros para comprarles algún macho y pasearle durante las fiestas del Cristo y después comérselo. A la Corrombla de los quintos también se invitaba a las mujeres quintas de ese año, para que comieran juntos y disfrutaran igualmente de las fiestas. En general las mujeres siempre tenían una posición más pasiva durante las fiestas, pero se apuntaban y colaboraban en todo lo que fuera necesario. Durante la ronda con el macho por la calle se iban cantando rondeñas acompañadas de una guitarra española que se compraba específicamente para la ocasión, una botella y un almirez. Las rondeñas estaban enfocadas a diversos temas, siendo el servicio militar uno de los más recurrentes .El hecho de tener que irse fuera del pueblo durante tanto tiempo a cumplir con el servicio militar y dejar aquí a la familia y en muchos casos a la novia, se reflejaba en dichos cantares:

 “Aunque me lleven a Ceuta
A Melilla o a Larache
Ni han podido ni podrán,
De mi querer apartarte”


“Vele allí viene mi barco
Que le conozco en la vela
Y en el palomar me trae
Recuerdos de mi morena”


“Los quintos ya se los llevan
Los quintos somos nosotros
Y por eso las mocitas
Tienen los ojos llorosos”

Tornavacas, amigos de ronda con el macho
Tornavacas, amigos de ronda con el macho - 1983

Tornavacas, quintos en la plaza nueva
Tornavacas, quintos en la plaza Nueva - 1986 - 1987 aprox.

Tornavacas, quintos de ronda con el macho
Tornavacas, quintos de ronda con el macho - 1993

Tornavacas, quintos de ronda con el macho
Tornavacas, quintos de ronda con el macho - 2009

Tornavacas, quintos de ronda con el macho
Tornavacas, quintos en la plaza Nueva - 2008

En la actualidad apenas quedan resquicios de todo esto. Lo que durante muchos años fue una bonita tradición en las fiestas de Tornavacas y parte de la esencia del pueblo, va quedando en el recuerdo de los más mayores y prácticamente en el olvido de la población más joven. La desaparición de la mili y el descenso demográfico, junto con la ausencia por completo de ganado en el pueblo ha ido modelando el carácter y la esencia de las fiestas en Tornavacas. El cambio en las aspiraciones de los jóvenes actuales fruto de tener una formación más amplia y extensa también ha provocado que poco a poco haya ido cambiando el concepto y la manera de interpretar la forma de festejarlo. Los distintos ciclos que se van produciendo en la sociedad modelan y ajustan las costumbres de los pueblos sin apenas darnos cuenta. El cambio social actual en el que estamos inmersos está provocando que muchas tradiciones y costumbres pasen a un segundo plano, y vayan desapareciendo del patrimonio tornavaqueño. Al menos, sirva este pequeño trabajo, para mantenerlo vivo en el recuerdo.

martes, 12 de agosto de 2025

El lobo en Tornavacas

Con motivo de las actividades culturales que se realizan en Tornavacas todos los veranos, en esta ocasión el pasado martes día 5 de agosto ha tenido lugar en la plaza del ayuntamiento de Tornavacas una charla coloquio sobre el lobo ibérico (canis lupus signatus). Entre algunos de los asuntos tratados se han mostrado sus antecedentes e historia en el pueblo. Apuntes históricos de su presencia en Tornavacas y en el entorno, junto a osos y otras alimañas. Situación actual con la vuelta de este extraordinario animal a la sierra de Tornavacas y cómo será la convivencia con el hombre en un futuro más próximo. También se han mostrado distintas artimañas como cepos y carlancas que el hombre del siglo XX utilizó para la defensa del ganado y lograr su completo exterminio. Haciendo referencia igualmente a la estricnina, un poderoso veneno que fue utilizado para exterminar al lobo de Tornavacas, algo sin duda catastrófico, que esperemos no se vuelva a repetir.

Tornavacas
Vista de Tornavacas desde la barrera la Fuente


Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas
Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas


Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas
Tornavacas, mastín al cuidado de las ovejas


Tornavacas, mastín al cuidado de la finca
Tornavacas, mastín al cuidado de la finca


Tornavacas, carlanca para perro mastín
Tornavacas, carlanca para perro mastín


Tornavacas, yeguas pastando en la sierra
Tornavacas, yeguas pastando en la Garganta de San Martín


Tornavacas, vacas pastando en la Angostura
Tornavacas, vacas pastando en la Angostura


Tornavacas, vacas pastando en el Tejaíllo
Tornavacas, vacas pastando en el Tejaíllo


Tornavacas, cabras en la Serrá
Tornavacas, cabras en la Serrá recogidas en el corral


Tornavacas, chozo y corral para ovejas en Asperones
Tornavacas, chozo y corral para ovejas en Asperones


Tornavacas, cabras monteses en la sierra
Tornavacas, cabras monteses en Castifrío


Tornavacas, ciervas en la sierra
Tornavacas, ciervas en la sierra


Tornavacas, jabalí en la sierra
Tornavacas, jabalí en la sierra


Tornavacas, cabra montés enferma
Tornavacas, cabra montés enferma


Tornavacas, restos de ciervo comido por los lobos
Tornavacas, cría de ciervo comida por los lobos


Tornavacas, cráneo de macho montés
Tornavacas, hueso del cráneo de un macho montés


Tornavacas, cuerno de macho montés
Tornavacas, cuerno de macho montés


Tornavacas, restos de jabalí comido por los lobos
Tornavacas, restos de jabalí comido por los lobos


Tornavacas, restos de corzo comido por los lobos
Tornavacas, restos de corzo comido por los lobos


Tornavacas, restos de macho montés comido por los lobos
Tornavacas, restos de macho montés comido por los lobos


Tornavacas, posibles excrementos de lobo ibérico
Tornavacas, posibles excrementos de lobo ibérico


Dentro de la evolución normal en un ecosistema, el lobo ha vuelto a Tornavacas a ocupar su lugar en el mismo, la cúspide de la pirámide. Aunque pueda parecer contraproducente no es más que la regulación de la cadena trófica, si no hay depredadores naturales, se produce superpoblación de las especies con el perjuicio para la naturaleza que ello conlleva. No es para nada extraño que el aumento del monte y de las especies que en él habitan, haya facilitado la vuelta del lobo a Tornavacas. Era cuestión de tiempo.

domingo, 17 de noviembre de 2024

El último ermitaño de Tornavacas



Tornavacas, Pepe con un chivo en brazos
Tornavacas, Pepe con un chivo en brazos


Camino por la calle Real de Abajo de Tornavacas, en concreto por el barrio los carburos y veo una escoba apoyada en una puerta. No es una escoba cualquiera, es una escoba hecha a mano con ramas y arbustos del campo. La observo con detenimiento, y la contemplo como lo que es, una verdadera reliquia de otro tiempo, de muchos años atrás. La rapidez con la que caminamos en la actualidad, muchas veces no nos permite disfrutar de lo bello, de lo auténtico y genuinamente tornavaqueño. De ese otro modo de vida, anticuado ya, pero que aún se practica y que apenas despierta un leve interés, pese a su valor, en el resto de vecinos y transeúntes. La opulencia y comodidad actual nos ha atrofiado el cerebro, nos ha difuminado el recuerdo y lo que es peor no nos permite ver este patrimonio. Una forma de vida que Pepe aún sigue practicando, aunque desentone un poco en el barrio, en el entorno y por supuesto en el pueblo. La sociedad actual no está preparada ya para ese modelo de vida autosuficiente y de subsistencia. Estamos en otra época, de eso no hay duda, puesto que ahora la expresión economía circular se cuela en cualquier conversación, enfocada aparentemente en la conservación del medio ambiente y sobre todo en dar más de un uso a la enorme cantidad de productos que utilizamos en nuestro día a día. Una era la nuestra, caracterizada por el despilfarro de recursos naturales y generación de residuos a gran escala.

Tornavacas, Pepe atando ramas de sauce
Tornavacas, Pepe atando ramas de sauce para sus cabras


Tornavacas, Pepe binando la siembra
Tornavacas, Pepe binando la siembra


Tornavacas, Pepe con hierba segada
Tornavacas, Pepe con hierba segada


>Tornavacas, Pepe con hace de hierba al hombro
Tornavacas, Pepe con haz de hierba al hombro


Tornavacas, Pepe con haz de sarmientos al hombro
Tornavacas, Pepe con haz de sarmientos al hombro


Tornavacas, Pepe con haz de sarmientos al hombro
Tornavacas, Pepe con haz de sarmientos al hombro


Tornavacas, Pepe con horca de hierro
Tornavacas, Pepe con horca de hierro


Tornavacas, Pepe descargando ramos de sauce
Tornavacas, Pepe descargando ramos de sauce para sus cabras


Ha sido Pepe, sobre todo años atrás, una persona en general huraña, producto seguramente de la soledad, del miedo y la desconfianza al engaño y al hurto.

"Yo luché contra los moros en Sidi Ifni, y lo pasamos muy mal. Estuvimos un montón de soldados allí en combate. Eran muy malos los moros".

Quizás, son este tipo de experiencias las que te marcan para el resto de tu vida y te envían directamente una señal de desconfianza a tu cuerpo. No es de extrañar entonces su especial conducta y a veces su compleja forma de convivencia vecinal. Es entendible entonces que la propia soledad haga el resto y contribuya a acrecentar la situación. Sin ninguna duda, comprensible dadas esas circunstancias personales.

Tornavacas, carretilla de hierba en la calle
Tornavacas, carretilla de hierba en la puerta de Pepe


Tornavacas, gallinas en la calle
Tornavacas, gallinas de Pepe en la calle


Tornavacas, carretilla de leña en la puerta de Pepe
Tornavacas, carretilla de leña en la puerta de Pepe


Tornavacas, Pepe trabajando en su huerta
Tornavacas, Pepe trabajando en su huerta


Tornavacas, Pepe arrancando raíces del maíz
Tornavacas, Pepe arrancando raíces del maíz


Tornavacas, Pepe con enseres
Tornavacas, Pepe con enseres de uso diario


Tornavacas, Pepe con hierba en su espalda
Tornavacas, Pepe con hierba en su espalda


Tornavacas, Pepe con horcas de madera al hombro
Tornavacas, Pepe con horcas de madera al hombro


Tornavacas, Pepe con su maleta llena de viandas
Tornavacas, Pepe con su maleta llena de viandas


Tornavacas, Pepe con su mula mecánica
Tornavacas, Pepe con su mula mecánica


Ha sido Tornavacas un pueblo que hasta hace unos treinta o cuarenta años seguía practicando este modelo de vida y este tipo de labores. La mecanización de las labores en el campo y el acceso de vehículos a través de las distintas pistas forestales: las Navas, Reboldano, Beceas o Llanafuentes, ha ido moldeando sin darnos cuenta la forma de vida, y por ende, la desaparición de estas costumbres. Pepe ha sido y es, una de las pocas personas que han seguido ejerciendo ese modelo de autosuficiencia. Sembrar para poder comer durante todo el año, tener animales en la cuadra, para hacer matanza en el caso de cochinos, gallinas con las que comer huevos caseros o bien cabras destinadas para leche, pieles y carne. Incluso hacer queso y venderlo en los pueblos cercanos, llevándolo en un cajón acoplado a su moto. Quienes ya tienen cierta edad a buen seguro lo recuerdan. Es tan completo el ciclo en la vida actual de Pepe, que con el estiércol de sus animales abona la huerta en invierno, donde luego en primavera siembra. Labra la tierra a mano con una azada, pese a su avanzada edad y el sobre esfuerzo que ello conlleva. La hierba que arranca con sus desgastadas manos, la recoge y la sube en una carretilla hasta la cuadra para que se la coman su pavo o sus gallinas, que con un alegre cacareo se lo agradecen. Su gallo Perico se pone contento en cuanto le oye llegar con el condumio. La enigmática simbiosis entre hombre y animal aquí encuentra su punto más álgido. Tomates, calabacines, berenjenas, pimientos y todo tipo de hortalizas de lo más variopintas son degustadas por todos sus animales en la cuadra. Frutas como uvas, granadas, peras, manzanas o melocotones también forman parte del menú. Las mazorcas de maíz en su huerta son custodiadas cada una de ellas con una botella de plástico, para que las aves no se las coman. Después en el otoño cuando ya están hechas, las recoge y desgrana para alimentar a su ganado. Como una parte más del ciclo, viviendo al ritmo de la naturaleza, de las estaciones. Así, sin más.

Tornavacas, Pepe descansando en su huerta
Tornavacas, Pepe descansando en su huerta


Tornavacas, Pepe descansando
Tornavacas, Pepe descansando


Tornavacas, Pepe descansando en su huerta
Tornavacas, Pepe descansando en su huerta


Tornavacas, Pepe haciendo aguardiente
Tornavacas, Pepe haciendo aguardiente


Tornavacas, Pepe sembrando en su huerta
Tornavacas, Pepe sembrando en su huerta


Tornavacas, Pepe recogiendo judías
Tornavacas, Pepe recogiendo judías


Tornavacas, Pepe repartiendo estiércol
Tornavacas, Pepe repartiendo estiércol


Tornavacas, Pepe abonando la siembra
Tornavacas, Pepe abonando la siembra


Tornavacas, Pepe y Pedro charlando
Tornavacas, Pepe y Pedro charlando


"El año pasado cogí tomates que pesaban más de un Kilo; algunos pesaban Kilo y medio o más. ¡Qué ricos estaban! ¡Qué agua soltaban! Se los echaba a las gallinas y no veas cómo se los comían. Así es que, he recogido grana para volverlos a sembrar. Ya la tengo echada en un criaero, a ver si nacen".

Trabaja Pepe en su huerta como un verdadero arquitecto de la tierra, capaz de moldearla surco a surco con sus manos y cual lienzo apoyado en su caballete, convertirla después en una pieza de museo.

"Lo mismo me da echar el agua del caño para arriba que para abajo, se riega todo igual. No creas tú, que no tiene su aquel. Y mira si están bien hechos los surcos que no se me rebosan. Da igual para qué lado lo riegue que sube el agua a todos los surcos".

Tornavacas, huerta de Pepe sembrada
Tornavacas, huerta de Pepe sembrada


Tornavacas, huerta de Pepe sembrada
Tornavacas, huerta de Pepe sembrada


Tornavacas, huerta de Pepe sembrada
Tornavacas, huerta de Pepe sembrada con judías y otras verduras


Tornavacas, Pepe charlando con vecinos
Tornavacas, Pepe charlando con vecinos


Tornavacas, Pepe en su huerta en verano
Tornavacas, Pepe en su huerta en verano


Tornavacas, Pepe sembrando en su huerta
Tornavacas, Pepe sembrando en su huerta


Tornavacas, Pepe surqueando en su huerta
Tornavacas, Pepe surqueando en su huerta


Tornavacas, Pepe surqueando en su huerta
Tornavacas, Pepe surqueando en su huerta


Tornavacas, Pepe surqueando en su huerta
Tornavacas, Pepe surqueando en su huerta


Tornavacas, huerta de Pepe
Tornavacas, huerta de Pepe


Tornavacas, huerta de Pepe
Tornavacas, huerta de Pepe


Por increíble que parezca, hasta hace unos años Pepe era capaz de criar un cochino a lo largo del año, alimentándole de todo lo que da el campo y llegar a pesar más de 300 kilos. Matarlo en el invierno y guardar toda la carne en su despensa o en un congelador, y colgar los enormes jamones para que se vayan oreando. Y tener ya otro guarrapín preparándolo, para el año que viene. Un modelo de subsistencia basado en recoger y guardar, para lo que pueda venir. Seguro que todo ello es producto de una infancia difícil, llena de escasez y miseria la que pasó toda esa generación de personas. Momentos terriblemente inestables y difíciles que te marcan para el resto de tus días. Su avanzada edad y el paso de los años, ya no le permite realizar algunas de las actividades que no muchos años atrás hacía a diario. Salir con el atajillo de cabras por la calle en dirección al río, armado con un largo calabozo, era una bonita estampa por la calle de Tornavacas. El trozo del río Jerte por donde tanto él, como otros vecinos pastoreaban con sus cabras estaba limpio de sauces, zarzas y maleza, puesto que continuamente ramoneaba las partes más altas donde las cabras no alcanzaban. Una labor esta, importantísima para la limpieza y cuidado del río, a su paso por los alrededores del pueblo, evitando así, percances en las fincas y prados colindantes cuando venían las crecidas del otoño. En la actualidad, aunque Pepe sigue teniendo algunas cabras y chivos, los tiene estabulados. Únicamente salen a la puerta de su cuadra a degustar los ramos de sauce que Pepe les sigue llevando cada día. Esta escena sorprende a algunos de los turistas que visitan Tornavacas y quedan prendados con que aún exista ese modelo de vida en un país como España. Con total naturalidad, Pepe les explica sus costumbres o anécdotas que le suceden y les responde cualquier pregunta que le hacen. La vida en la ciudad, y más aún en la actualidad en muchas ocasiones es totalmente ajena a la realidad de los pueblos. Bien es cierto que hasta en Tornavacas, la vida y costumbres de Pepe ya son una rareza, pero también es cierto que hasta no muchos años atrás eran muchas las personas que lo practicaban. Solo hay que preguntar a los más mayores del pueblo para confirmarlo. De ahí que Pepe sea ya el último ermitaño de Tornavacas que mantiene vivas esas labores y esas costumbres intrínsecas para la vida de los pueblos. El avance en el modelo de sociedad no nos permite observar cómo van desapareciendo sin apenas darnos cuenta este tipo de labores. Algunas de ellas son o han sido tan comunes que nuestro propio cerebro nos engaña, creyendo que aún están aquí, que se siguen practicando. Sin embargo, la realidad nos demuestra que ya no es así. En cualquier conversación entre vecinos, salen a la luz vestigios de un tiempo no muy lejano, pero pasado. Ahí, es donde nos sorprende y descoloca nuestro propio recuerdo, al ver cómo nada de ese tiempo vivido existe ya.

Tornavacas, cochinos de Pepe en su cuadra
Tornavacas, cochinos de Pepe en su cuadra


Tornavacas, Pepe con su cochino en la cuadra
Tornavacas, Pepe con su cochino en la cuadra


Tornavacas, Pepe con sus cabras
Tornavacas, Pepe con sus cabras


Tornavacas, Pepe de careo con sus cabras
Tornavacas, Pepe de careo con sus cabras por la calle


Tornavacas, Pepe en su despensa
Tornavacas, Pepe en su despensa


Tornavacas, Pepe con su gallo Perico
Tornavacas, Pepe con su gallo Perico

La cuesta de la calleja los Escobones, obliga a Pepe a parar y tomar un poco de aire. Suena un carpío y comienza una charla que puede durar horas. En la distendida y amena conversación aparecen: compañeros de batallas en el África, el mulo blanco que tuvo, una zorra que cogió en un lazo en la huerta, la perra Mori que tuvo hace años y que cogía muchos conejos, la cabra que era extraordinaria para dar leche y hasta una tormenta que rajó todas las cerezas. Además de alguna trifulca al tento del agua para regar. Todos esos personajes, sobrevuelan la charla y se entremezclan unos con otros como si hubieran sido coetáneos en el tiempo, aunque en realidad es un repaso acelerado de las muchas anécdotas y experiencias que atesora a lo largo de su vida. Las arrugas en sus manos y en su piel no se corresponden con la flexibilidad de su memoria. Conversar con Pepe, tan necesitado de ello, y por otro lado tan necesario para combatir la soledad, te transporta en el tiempo y te enseña que hubo un tiempo así, y que puede volver a suceder, además de que todo esto es parte de tus propias raíces. Siempre es una conversación enormemente productiva y fructífera.

Tornavacas, troncos de leña en la calle
Tornavacas, troncos de leña en la calle


Tornavacas, Pepe cargado con un barreño de hierba
Tornavacas, Pepe cargado con un barreño de hierba


Tornavacas, Pepe cargando leñas en su mula mecánica
Tornavacas, Pepe cargando leñas en su mula mecánica


Tornavacas, Pepe con una carretilla de hierba
Tornavacas, Pepe con una carretilla de hierba


Tornavacas, Pepe con una carretilla de tomates
Tornavacas, Pepe con una carretilla de tomates


Tornavacas, Pepe con una carretilla de hierba
Tornavacas, Pepe con una carretilla de hierba


Aunque aún nos cueste afrontarlo y asumirlo, la soledad es una de las mayores pandemias que nos afectan como sociedad en el siglo XXI. La cada vez más falta de convivencia vecinal unida a la atrofia que padecemos a causa de la tecnología, nos está empujando sin ser conscientes de ello, a la soledad más absoluta. Más aún, si tu situación personal transcurre prácticamente entre el campo y la cuadra como le sucede a Pepe, la cuestión se agrava. De ahí que una pequeña charla fruto del encuentro fortuito en la calle y del más variopinto asunto o tema a tratar, se convierta en una reliquia digna de ser guardada como documento de la forma de vida que tuvieron nuestros vecinos tornavaqueños y que se ha ido esfumando con el paso de los años, sin apenas darnos cuenta de su pérdida, ni haber hecho casi nada por documentarlo o preservarlo. Un patrimonio inmaterial tornavaqueño que con la despedida de cualquiera de nuestros vecinos, solo quedará en el recuerdo de quienes lo han vivido. Es tan interesante la vida y costumbres de Pepe, que de cada uno de sus días se puede hacer una enciclopedia fotográfica. Cuando le llegue su final y su despedida, y ojalá tarde muchos años, y escuchemos cantar el gorigori, nos vendrán a la luz y recordaremos muchos de sus anécdotas y comentarios e infinidad de conversaciones y leyendas que tuvo la amabilidad de contarnos. Producto todo ello de una vida dura y difícil, entregada casi en tu totalidad a su campo y a sus animales, a quienes tanto quiere y con quienes tanto conversa a diario. Nos quedará un precioso recuerdo como el último ermitaño que hubo en Tornavacas. Una persona que se atreve a desafiar al presente y al sistema actual, siguiendo con su modelo de vida autosuficiente, sin importarle las mentiras que salen en la televisión, pues, no tiene tiempo para verla. Al menos, así no es engañado a diario como nos pasa al resto.

Tornavacas, Eleuterio y Pepe en su huerta
Tornavacas, Eleuterio y Pepe en su huerta


Tornavacas, leña en la calle
Tornavacas, leña de Pepe en la calle


Tornavacas, Pepe charlando con vecinos
Tornavacas, Pepe charlando con vecinos


Tornavacas, Pepe subiendo de su huerta con hortalizas
Tornavacas, Pepe subiendo de su huerta con hortalizas


Tornavacas, Pepe cargado con un barreño
Tornavacas, Pepe cargado con un barreño


Tornavacas, Pepe con su carretilla de hierba
Tornavacas, Pepe con su carretilla de hierba


Tornavacas, Pepe descansando
Tornavacas, Pepe con su carretilla de hierba descansando


Ahora ya, apenas quedan animales domésticos en el pueblo. De hecho ni quedan animales, ni quedan ya personas, a excepción de Pepe, que practiquen esos oficios tan aparentemente lejanos en el tiempo. Está claro que el modelo de vida ha cambiado y avanza en otra dirección totalmente opuesta. Pepe es el último reducto de ese modelo y de esas costumbres tornavaqueñas. Sirva este pequeño relato como homenaje a su persona, a su labor y su tesón.