domingo, 22 de octubre de 2023

Los dominios del buitre

El último eslabón en la sierra. Así se le puede catalogar a este gran necrófago. Especie misteriosa y sumamente valiosa en cualquier ecosistema.

Tornavacas buitre Leonado volando en la sierra
Tornavacas, buitre Leonado volando en la sierra

Ha sido el buitre en Tornavacas a lo largo de los años una especie reducida a lo más recóndito de la sierra. El hecho de que en nuestro pueblo se haya aprovechado para uso agrícola y ganadero todo el terreno por debajo del límite arbóreo y que desde ahí hasta nuestras cumbres la importante cabaña ganadera tuviera ocupado prácticamente todo el territorio, era el detonante de su reducido espacio de movimiento. Ni que decir tiene que en siglos pasados incluso se sembraba en cotas muy altas, solo hay que revisar algunos topónimos para comprobarlo: era del Cura, cuerda Cerro Pajar, huertos de Regajo Grande, huerta de la Serrá, huerteles de los Infiernillos, para comprobar hasta dónde sembraban nuestros antiguos ancestros tornavaqueños. Lo que demuestra que se aprovechaba prácticamente todo el terreno a excepción de los casqueros más escarpados.

Tornavacas casqueros en la sierra
Tornavacas, casquero con posaderos de buitres

Tornavacas casqueros en la sierra
Tornavacas, casquero en la sierra

La implacable mano del hombre contra todo lo que pudiera suponer un peligro o miedo, o simplemente no se le pudiera sacar rendimiento era otro hándicap importante para la vida del Buitre. Por ello se veían y se ven obligados a ocupar los lugares más ásperos e inaccesibles de la sierra de Tornavacas y por ende de toda la sierra de Gredos. Arriba ya casi en la cumbre donde únicamente hay canchales y algún carabón aislado y donde el acceso es más difícil o inalcanzable para el hombre es el hábitat propicio y seguro para este gran carroñero.

Tornavacas excrementos de buitre
Tornavacas, excrementos de buitre

Tornavacas posaderos con excrementos de buitre
Tornavacas, posaderos con excrementos de buitre

Tornavacas buitre Leonado en el nido
Tornavacas, buitre Leonado en un posadero

Hagamos un pequeño repaso a la historia reciente de Tornavacas y revivamos de la mejor manera posible la convivencia entre el buitre y el hombre en nuestro pueblo. Aunque pueda parecer extraño el hombre del campo tenía en los buitres un excelente aliado a la hora de anunciar alguna catástrofe, es decir, la pérdida de alguna res. Para aclarar este concepto, decir que tiempo atrás no había ningún tipo de tecnología a la hora de cuidar o vigilar el ganado en la sierra. Las alimañas siempre estaban atentas ante cualquier oportunidad. El lobo raro era el día que no preparaba alguna zalabardá, las tormentas tan frecuentes en la sierra una vez avanzado el verano también dejaban su huella en el ganado provocando la muerte de varias reses en la sierra cada año. El lobado y otras enfermedades diezmaban a veces de forma considerable las piaras sobre todo de vacas, que por entonces pastaban en la sierra de Tornavacas. Los enganches de las patas traseras de las vacas entre las piedras también eran y son un motivo muy frecuente de muerte del ganado que agosta cada verano en Tornavacas. Incluso subiendo a diario a la sierra a cuidar del ganado y conociendo el terreno casi como la palma de su mano, los ganaderos o quien se encargaba de su cuidado se ayudaban del buitre para detectar cualquier incidente sucedido a algún animal. Perder una vaca, un caballo o cualquier tipo de res por cualquiera de estos motivos, sin duda representaba un buen disgusto.

Tornavacas buitres comiendo carroña
Tornavacas, buitres sorprendidos comiendo carroña

Tornavacas vaca muerta en la sierra
Tornavacas, vaca muerta en la sierra

Tornavacas vaca muerta en la sierra
Tornavacas, restos de vaca comida por los buitres

Tornavacas vaca muerta en la sierra
Tornavacas, restos de vaca muerta a causa de un enganche

“Los pájaros te cantan enseguida dónde está la vaca muerta, a los pocos días ya han caído sobre ella y como te descuides solo encuentras el pellejo y los huesos. Los primeros que caen son los guarros y los buitres se conoce que ven a los cuervos y caen al momento. Los cuervos se comen los ojos y la lengua y a veces la empiezan por el culo, pero hasta que no llegan los buitres no la empiezan a vaciar. Hay veces que la dejan como un camellón ”.
Este es el relato real de alguno de los vaqueros o cabreros que vivían por aquellos años en la sierra de Tornavacas. Por entonces, si se descubría pronto el cadáver se subía con caballerías a por carne de la vaca muerta, para aprovechar todo lo que se pudiera. Eran tiempos de escasez y penuria, de modo que había que recoger todo lo posible para poder comer.

“Recuerdo una vez que se había muerto de lobado una vaca en los Asperones y nos dijeron que si queríamos ir a recoger la carne que se pudiera aprovechar porque según decían no afectaba a las personas. Subimos con la yegua del padre del Eduardo "el sopas", y otra bestia que no recuerdo de quién era. Llevábamos unos cuantos de sacos para bajar la carne en las bestias. Salimos antes de amanecer de aquí del pueblo y subimos por la Serrá para arriba, luego bajamos al puente de la Veguilla y pasamos la vaera. Cogimos la trocha de Melocotón y al llegar a la Lanchona estaba todo helado y no podíamos pasar. Tuvimos que echar sacos y terrones en el suelo para que las bestias no resbalasen, bueno y nosotros también porque había mucho hielo. Así pudimos pasar aquel cacho. Me acuerdo que las bestias resoplaban mucho porque les daba miedo pisar en los sacos que estaban encima del hielo. Luego ya fue mejor el camino, pero aquel trozo estaba mal para pasar. Cuando llegamos a donde estaba la vaca, ya la habían empezado los buitres. Había un montón de ellos y tuvimos que andar espantándolos y oye que se acercaban a nosotros cuando la estábamos destrazando. Lo que es el hambre que ni los bichos se espantan. Bajamos mucha carne en las dos bestias y tuvimos para mucho tiempo. Hicimos tasajos y chorizos con la carne de la vaca y echándolos buen avío de gordo quedan muy ricos. Esas eran las penas que pasábamos antes para poder comer”.

Por lo tanto, en algunos casos para el buitre únicamente quedaban los restos que el hombre no había podido aprovechar. Bien es cierto que ellos solían ser los primeros en degustar el manjar, pero si no estaban rápidos sabían que había otros también necesitados, aunque fuese el propio hombre. El hecho de ser un animal esquivo y misterioso, pues no se dejaban acercar al hombre propiciaba que éste sintiera curiosidad por su comportamiento. Era común entonces entre algunos de los vaqueros y cabreros capturar alguno de ellos por puro entretenimiento.

“¡Entonces era muy fácil cogerlos! Los preparaba un anzuelo de hierro, ahora tenía que ser fuerte el gancho que tú no sabes la fuerza que tiene un bicho de esos. Les ataba el anzuelo a un carabón o a un canchal y les ponía un cacho de carne en el gancho, y caían solitos. Se trabajan el hierro hasta los hígados y no creas que era fácil sacársele. Hay que ver los pedazos de carne que son capaces de tragarse esos bichos, no y no creas que se ahogan, que tienen unos tragaderos que pa qué. Aunque te liaras a garrotazos a ellos no les pasaba nada, escondían la cabeza entre las alas y como una piedra parecían. Y lo mal que huelen esos bichos! Como están todo el día entre las vacas muertas huelen a rayos. Encima en cuanto te arrimas a ellos, si no pueden volar bien porque tienen el buche lleno devuelven la comida y huele a podrido”.

Quizá el mejor indicador para evaluar la salud que tenía por aquel entonces la sierra de Tornavacas es saber que habitaban en ella tres de los grandes buitres que actualmente hay en la península: el buitre Leonado (Gyps fulvus), el buitre Negro (Aegypius monachus) y el Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). El más abundante ha sido y es el buitre Leonado, con verdaderas colonias y algunos nidos en lo más alto de la sierra. El buitre negro se deja ver con su característico plumaje, pero no hay constancia hasta la fecha de nidificación en Tornavacas. En cuanto al Quebrantahuesos hoy está desaparecido por completo. No muchos años atrás, vivía, habitaba y nidificaba en nuestra sierra. Sin duda un auténtico tesoro. El hecho que hubiera tantas cabezas de ganado en la sierra de Tornavacas proporcionaba alimento y regulaba la cadena trófica, propiciando que el ecosistema de alta montaña estuviese en completo y perfecto equilibrio.

“Estabas a lo mejor tan tranquilo sentado en algún canchal viendo las vacas y se escuchaban los golpes de los huesos que tiraban desde el aire y pegaban en alguna piedra y se partían. Al momento veías al pajarraco de caer en busca de los trozos y se los comía. Yo no sé, qué podían sacar de los huesos, pero así comían. En el canchal de los Gavilanes criaban todos los años. Allí con el casquero que hay era imposible subir a él, ni por abajo ni por arriba, así es que no les molestaba nadie y allí criaban”.

Relatos como estos escuchados de los propios protagonistas que tuvieron la oportunidad de vivir este tipo de momentos en la sierra demuestra cómo con los años se ha ido degradando el ecosistema y por ende el conjunto de la sierra.

Tornavacas hueso de vaca comida por los buitres
Tornavacas, hueso de vaca comida por los buitres

Tornavacas hueso de vaca comida por los buitres
Tornavacas, restos de vaca comida por los buitres

Tornavacas restos de una vaca comida por los buitres
Tornavacas, restos de vaca comida por los buitres

Tornavacas cabra montés muerta en el agua
Tornavacas, cabra montés muerta en el agua

Tornavacas cabra doméstica muerta
Tornavacas, cabra doméstica muerta

La extraordinaria labor que ejercen los buitres al final de la cadena alimentaria aporta higiene y limpieza a la sierra y con ello a todos sus moradores. También al hombre, puesto que los cadáveres putrefactos en los cursos de agua pueden dar lugar a epidemias o enfermedades. Pero para eso están los buitres, para hacer esa labor impagable de limpiar de cadáveres la sierra, mantener limpio el entorno y actuar como benefactores de la salud y de la humanidad. Pero claro, el hombre no repara en los beneficios que nos proporcionan ese tipo de especies. Estudios recientes realizados en la India han comprobado que desde los años 90 hasta principios de los años 2000, el número de buitres descendió alarmantemente. La causa no era otra que el uso de diclofenaco, un fármaco antiinflamatorio utilizado por los granjeros y que se aplicó al ganado, sobre todo a las vacas. Este fármaco es en teoría inofensivo para el hombre y para las vacas, pero a los buitres que consumieron carne de animales que habían sido tratados con él les provocaba la muerte en cuestión de semanas. Al descender el número de buitres los cadáveres atraían a perros y ratas portadores de rabia y otras enfermedades de las que sí se han contagiado los humanos. La pérdida en el número de buitres y la propagación de estas enfermedades provocadas por las ratas y perros provocó la muerte de muchas personas (Fuente The Economist).

Tornavacas vacas pastando en la sierra
Tornavacas, vacas pastando en el Tejaíllo

Tornavacas vacas pastando en la sierra
Tornavacas, vacas pastando en la Angostura

Tornavacas ganado pastando en la sierra
Tornavacas, ganado pastando en las Estalamancas

El buitre es una especie clave dentro del ecosistema. Es el último eslabón de la cadena alimentaria y son absolutamente imprescindibles para asegurar la calidad e higiene en el entorno, pues se encargan de hacer desaparecer todos los cadáveres y restos que pueden contaminar las aguas y provocar plagas y enfermedades. El descenso de la cabaña ganadera en la sierra de Tornavacas unido a la falta de relevo generacional en la dura labor del cuidado y mantenimiento del ganado en la alta montaña, puede ser un factor determinante en la conservación del buitre. Bien es cierto que actualmente en toda la sierra de Gredos hay otras especies como la cabra montés (Capra pyrenaica victoriae), que están ocupando el lugar que antaño pastaban caballos, cabras y vacas en la sierra, y pueden proporcionar alimento a esta especie emblemática. Esperemos que la silueta de esta gran ave perdure para siempre coronando nuestras cumbres y aportando ese halo de misterio que la caracteriza.


Tornavacas, buitres en la sierra


No hay comentarios: