viernes, 27 de febrero de 2009

Las nieves en TORNAVACAS

La alta Extremadura se cubre de nieve,escasa en los últimos años pero abundante durante el presente invierno.
Los montes nos ofrecen otra estampa distinta, y las cumbres se visten de temporada.
Tornavacas no es ajena a todo ésto y mantiene sus tradiciones bien arraigadas,los tejados blancos dejando escapar el humo recuerdan inviernos pasados, llenos de hielos y fríos, de aires serranos y días claros.

domingo, 15 de febrero de 2009

Las puertas del cielo en el Valle del Jerte

El Valle del Jerte

Este rincón extremeño situado en una esquinita de la extensa Extremadura, parece estar bendecido. El patrimonio que atesora es impresionante, sus pueblos, sus gentes, sus costumbres y sobre todo su paisaje.
Es una isla "siempreverde" custodiada por grandes montañas y regada por un sinfin de manantiales, ésto da lugar a una vegetación específica nutrida por una tierra rica, fresca y bien recogida por los lugareños en trabajados bancales, donde crecen los hermosos cerezos. Arboles que sustentan la economía de la comarca y que son visitados en primavera cuando estallan en una belleza incomparable. La estampa desde el puerto de Tornavacas observando miles de cerezos en flor es algo que no se olvida fácilmente, el profundo barranco esculpido por las aguas, las laderas blanqueantes, los montes despertando y las cumbres aún cubiertas de nieve despiertan en el visitante una sensación única.

sábado, 14 de febrero de 2009

The north face of the Peña Negra

Cuando un paraje rebosa de belleza, es lindo por todos sitios y tiene tantos argumentos paisajísticos, resulta muy fácil inmortalizarle, aunque yo no me canso de admirarlo y de sacarle en distintas épocas o desde diferentes panorámicas.
... aunque adornado con nieve, en medio del frio invierno,
al llegar el estío la pierde por ser un pico pequeño...

martes, 10 de febrero de 2009

Cuando el campo se hace Arte

La infinita belleza de la naturaleza, nos sorprende con el paso de las estaciones. Hay determinadas estampas que sencillamente son indescriptibles, sólo se pueden observar, disfrutar e intentar comprenderlas.
Los montes Tornavaqueños nos deslumbran con la blancura virginal del invierno, los bancales parecen pintados, mientras los árboles tiñen de gris la deslumbrante estampa.