sábado, 21 de agosto de 2010

Quién Te Puso Ahí...

Hace tiempo que te miro y que te observo, hace tiempo que te llevo en el recuerdo. Hace mucho que yo mismo me pregunto, cómo has podido subirte al pedestal. ¿Qué fuerza te puso ahí? , Que elemento tan descomunal?



Cuántas gentes pasearon por tus pies, cuántas lluvias te han mojado, cuántas siestas has vivido de cabreros y el ganado.  Cuántas veces habrás visto la corriente fuera de su sitio. ¿Qué dirían los pobladores de aquel tiempo? ¿Se fijarían en tan bello monumento? Qué más daba  aquella piedra, sólo ocupaba un trozo más de hierba.
Como quiera que haya sido, son preguntas sin respuesta, lo verdaderamente cierto es que ahí sigues resistiendo los envites caprichosos de este clima de bonanza, seguro que los hielos que te dieron esa forma volverán algún día a visitarte, y observarán esa piedra milenaria, ese canchal en todo lo alto, y a buen seguro te arrastrarán a otro pedestal de encanto.

domingo, 1 de agosto de 2010

Frescor Veraniego

La posición dominante del astro rey, obliga a esconderse a las especies de su fuerza. La frescura que ofrecen las gargantas es un perfecto aliado, para subsistir al implacable calor estival.

En éstos microhábitats es donde se aprecian algunos de los misterios que nos oculta la naturaleza, el esfuerzo de las plantas por sobrevivir, pero aprovechando curiosamente el descenso del caudal de los torrentes para crecer en el epicentro de ellos, sin ninguna duda espectacular.


La incontestable belleza transparente nos deja asomarnos a su interior más espléndido, la abstracción de sus formas junto a la lucha de las plantas nos refresca la mente, nos mantiene ausentes, nos eclipsa de manera permanente.


El granito se rinde a las aguas, no puede con tanta fuerza y se mantiene sumiso. La humedad reina en la sombra, los helechos reales desbordan frescura y verdor, mientras los alisos ocultan debajo de sus hojas todo el encanto que se vive en la penumbra.

El interminable velo blanco se descuelga por los charcos, aunque sabe que le queda poco tiempo, las nieves cumbreñas han sido derrotadas por el sol, ya no se alborota por las tardes, deberá esperar hasta las próximas lluvias, cuando las hojas se deslicen por el agua anunciando la llegada de otro tiempo, cuando las nubes cubran las montañas y las nieves vuelvan por sus fueros.